Aún recuerdo la primera vez que vi un coche de Fórmula 1 cara a cara. CorrÃa el año 1995 aproximadamente, y Michael Schumacher acababa de arrasar en el Mundial de aquel año con un coche muy superior al de sus rivales, y ante una oposición poco consistente de (por otra parte, mi piloto favorito) Damon Hill.

¿Alguna vez habéis soñado con poneros a los mandos de un Fórmula 1? La sensación de velocidad, la tensión de la competición, ¡saborear la victoria! Si estáis leyendo esta web, imagino que la respuesta es sÃ. Lamentablemente, la mayorÃa de los mortales no podemos probar dichos manjares en nuestro dÃa a dÃa, ya sea por falta de talento, de dinero, o de ambas... o al menos eso creÃa yo, hasta el dÃa en que cayó en mis manos el Super Monaco Grand Prix. ¿Dije vida real? Esta es una realidad de otro tipo...

CorrÃa el verano del año 1994. El que escribe estas lÃneas todavÃa era un crÃo, y aprovechaba sus vacaciones veraneando en cierta localidad de la Costa del Sol. Por aquel entonces, la Fórmula 1 parecÃa estar en boca de todo el mundo, como si de repente hubiese alcanzado un estatus de repercusión a escala Mundial. Claro, yo por aquel entonces no sabÃa lo que sucedió unos meses atrás, el 1 de mayo, concretamente.

La F1 desde el punto de vista de un aficionado de a pie. Asà he vivido y vivo a dÃa de hoy este deporte que me apasiona.
