¿Qué sucede cuando un piloto se convierte en Campeón del Mundo? Cuando tras mucho esfuerzo por fin se alcanza la cima, la lógica deberÃa llevarnos a pensar: él es la referencia, su estatus ha aumentado, es el rival a batir, lo tiene todo, es el centro del universo...

No voy a discutir las razones que tuvo Frank Williams en 1996 para prescindir de un piloto recién coronado Campeón del Mundo como Damon Hill. En parte, porque yo también puedo llegar a entender las dudas que surgieron alrededor del pilotaje del británico el año anterior. Y digo en parte, porque habrÃa que matizar muchos aspectos... pero como ya he dicho, no voy a entrar en ese tema. Me resulta mucho mas interesante reflexionar por qué Damon, sabiendo que habÃa otras ofertas, decidió llevarse su 'número 1' a un equipo modesto como Arrows. Y cómo no, recordar aquel Gran Premio de HungrÃa de 1997 que tuve la suerte de ver en directo por televisión.
Como decÃa antes, cuando logras una meta (e imagino que aún más si se trata de algo como ser Campeón del Mundo), te sientes enorme. Satisfecho, tranquilo, realizado... Has despejado cualquier tipo de duda que hubiese sobre tu persona delante de todos, y lo que es mas importante, te lo has demostrado a ti mismo. Eres el rey. Muy bien, y ahora... ¿qué? ¿Intentar repetir un hito ya logrado una y otra vez, al más puro estilo Schumacher, para convertirse en una mera estadÃstica? (fans del 'kaiser', no os lo toméis muy a pecho). ¿Retirarse y acabar en una cabina comentando, o como columnista de un diario que posiblemente pocos leerán? En mi opinión, Hill tomó la decisión de cualquier piloto valiente y que busca la perfección en sà mismo, que fue ponerse una meta más dura. No mas cómoda, ni reconfortante, ni agradecida, ya que todos sabÃamos que no habrÃa grandes éxitos... Pero si los hubiese, tal vez lograrÃa ser catapultado aún mas alto, lograse despejar las dudas que habÃan arrojado sobre él tras su no-renovación en Williams, y tal vez lo más importante, despejar sus propias dudas. Todo esto sucedió en el Gran Premio de HungrÃa.

Un domingo cualquiera
El Arrows-Yamaha A18 era un monoplaza realmente malo. Más que conducirse, se arrastraba, y eso en el mejor de los casos, que era cuando no se quedaba tirado en mitad de la pista. No sé si Damon se arrepintió de su decisión de haber fichado por aquella escuderÃa modesta justo el año después de haber ganado su tÃtulo, pero sorprendentemente, hubo un momento de claridad en una temporada bastante oscura:
en HungrÃa, el Arrows iba bien. Tanto fue asÃ, que Hill logró clasificar tercero el sábado. En la carrera del domingo, Hill adelantó a Schumacher y Villeneuve y se dedicó a liderar la mayor parte de la carrera, aprovechando la ventaja que sus neumáticos le ofrecÃan sobre sus rivales.
Todo estaba dispuesto para la que iba a ser la gran primera victoria de Arrows en su historia, después de muchos años en el Gran Circo. Ya se olÃa el champán, quedaban pocas vueltas, Hill volverÃa a subir a lo mas alto... Algo va mal. Justo lo que no quieres oÃr si estas siguiendo la carrera con tanta intensidad como yo aquel dÃa. Eso sÃ, nada comparable a lo que debió sentir el piloto, o el equipo Arrows entero. A falta de tres vueltas para que ondease la bandera a cuadros,
un fallo en el sistema hidráulico del Arrows A18 no permitÃa cambiar de marchas adecuadamente, y le hacÃa ir cada vez más y más lento. La sangrÃa de tiempos no se hizo esperar, los doblados comenzaban a desdoblarse, y el Williams-Renault de su ex-compañero de equipo Jacques Villeneuve no tardó en situarse justo detrás suyo en la última vuelta. Cuando Hill intentaba dominar su monoplaza en una recta de la estrecha sección de bajada del circuito de Hungaroring,
Villeneuve dió el golpe final con un adelantamiento aprovechando incluso parte de fuera de la pista, y dando una nueva dimensión a aquella frase de "tragar polvo". Entonces, todos despertamos bruscamente de aquel dulce sueño. Simplemente, no pudo ser.
Triunfando en la derrota
Finalmente, Damon Hill acabó segundo por delante de Johnny Herbert. Al menos, pudo saborear el podio, aunque sin duda desde un escalón distinto al que esperaba y merecÃa. "Simplemente, no se pueden controlar estas cosas", declaraba Hill después de la carrera. "Me resulta increÃble haber llegado a meta. Estoy realmente contento de haber terminado segundo, pero tengo emociones enfrentadas. Me hubiese encantado ganar esta carrera".
Más tarde, se supo que el fallo fue provocado por una arandela valorada en 50 peniques de la época. Tal vez no se puedan controlar estas cosas, o tal vez sÃ, pero está claro que si algún dÃa hubo alguna duda acerca de la habilidad y el merecimiento del Campeonato del Mundo que Hill habÃa ganado justo el año anterior, quedaron disipadas. Sin duda,
una carrera de campeón. Esta fue la vez que más cerca estuvo Arrows de alzarse con una victoria, pero hay algunas cosas que simplemente no pueden ser. No obstante, Hill podrÃa disfrutar de otro gran dÃa antes de retirarse... pero eso ya es otra historia, que tal vez os contaré otro dÃa. Hasta entonces, ¡no dejéis nunca de empujar! (aunque sea con el coche más lento de la parrilla).