El otro dÃa, repasando estadÃsticas de 2011, encontré un dato que me llamó la atención, y es que esta temporada hemos tenido nada menos que ¡1150 adelantamientos! Más del doble de pasadas que el año anterior, y unos 370 se produjeron gracias al DRS. Quizás en vez de llamarlos "adelantamientos" deberÃamos llamarlos "rebasamientos", ya que este sistema artificial ha propiciado en muchas acciones una "no lucha" entre los pilotos debido a la disparidad de prestaciones. Todo el mundo quiere más adelantamientos pero, ¿necesita la F1 el DRS?

Sinceramente pienso que no, o por lo menos no necesita un DRS como el que tenemos actualmente. El DRS se implantó como una ayuda a los pilotos para poder realizar los adelantamientos que presuntamente la aerodinámica no les dejaba hacer, pero se ha convertido muchas veces en una forma de eliminar la lucha entre dos coches, y lo que es peor, ha cambiado completamente la forma de correr de los pilotos.
Este año hemos podido ver cómo los pilotos dejaban de defender su posición, más preocupados por salir pegados al coche de delante que en intentar apurar la frenada. En muchos circuitos, la zona de DRS ha sido exageradamente larga, como lo fue en TurquÃa, donde vimos 126 adelantamientos, pero casi sin lucha, ya que a todo el mundo le daba tiempo a adelantar y frenar tranquilamente en la trazada.
Incluso hemos llegado al extremo de ver acciones como las que protagonizaron Rosberg y Di Resta en Malasia, en la que el alemán se dejó adelantar antes de la zona de DRS para luego poder activarlo él y adelantar en la siguiente curva al escocés.
Tampoco me gustó nada lo doble zona de DRS en Abu Dabi, donde fue estúpido ver a los pilotos adelantarse una y otra vez de una manera más artificial e insulsa que el propio circuito. Me pregunto que dirÃan pilotos como Senna o Villeneuve, fieles amantes del "side by side", al ver este deprimente espectáculo.
En este espacio trataremos tanto temas históricos como de actualidad de la F1, intentando siempre dar otro punto de vista. Buscaremos darle una vuelta a todo y tocar temas de los que nadie quiere hablar, pero siempre, por supuesto, sin ofender a nadie.
