Ocho campeonatos del mundo, dos tercios de las carreras en la pole, 44 victorias en 80 Grandes Premios... los datos de la unión McLaren-Honda resaltaban en la extensa nota de prensa del constructor británico. Aquellos éxitos forman un pedazo de la historia de la Fórmula 1 pero no son más que papel mojado en comparación con las tablas de resultados que muestran los últimos méritos de ambas partes.

Ya lo decÃa Ricky Gervais al inicio de 'Politics': no hace falta ir al Parlamento para ver polÃtica, la polÃtica está en todas partes. Incluida la Fórmula 1. Pero no hablamos de los tipos que entregan los trofeos, ni siquiera de los que negocian el canon que los contribuyentes pagamos para que nuestra ciudad sea sede de un Gran Premio, sino de los mismos protagonistas: los que se ponen el casco cada domingo y los que siguen la carrera desde el muro o el garaje de los equipos.

PermÃtanme una sutil reflexión antes de que la acción del Gran Premio de Baréin nos atropelle. Como bien saben, Pirelli anunció los compuestos para la carrera hace dos meses pero hace un par de dÃas, la marca italiana confirmó -intentando no alzar mucho la voz- que en lugar del compuesto blando serÃa el medio el que acompañara al duro en Sakhir, una decisión que, si bien no decidirá la carrera del domingo, ha despertado numerosas crÃticas entre aficionados al Gran Circo.

Lo decÃamos en pretemporada: 2013 iba a ser el más favorable a Fernando Alonso y Ferrari de los cuatro en los que el español ha competido con la escuderÃa italiana. Las sensaciones, tres carreras más tarde, se comienzan a confirmar ya que Alonso se ha situado a nueve puntos de la cabeza del campeonato a pesar del abandono en Sepang donde en un hipotético escenario ficticio hubiera podido terminar en el podio de no cometer un error en la salida.

"Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti". Bien podrÃa ser Mark Webber quien pronunciara esta frase pero el lector avispado bien sabrá que pertenece a la colección de frases célebres de Friedrich Nietzsche. Seguramente al australiano haya recurrido a alguna cita con palabras más potentes para manifestar su enfado tras el Gran Premio de Malasia 2013.

Suele molestarme mucho el Kimi Räikkönen personaje, ése del que habla tu cuñado o tu amigo que ve las carreras en diferido: el Kimi del vodka y las pocas palabras que compite con resaca y no se preocupa por los aspectos técnicos de su monoplaza. Me molesta, sobre todo porque no es cierto. Bueno, el finlandés tiene un hÃgado que usted y yo envidiamos con la resaca de cada primero de enero, pero es un excelente piloto de carreras en el sentido más amplio de la palabra.

Melbourne es sinónimo de ilusión. Un ramillete de pilotos llegan a la primera ronda del campeonato con la ilusión de embarcar a Kuala Lumpur con un poco más de metal en su equipaje, los miembros de los equipos suspiran por encontrarse por fin en su hábitat natural, los jefes de equipo sueñan con probar el champagne en lo más alto del podio y a los aficionados ya no nos quedan uñas.

Una vez la pretemporada ha finalizado, la impresión generalizada en los corrillos es que cada año que pasa es más complicado sacar conclusiones. Tan pronto un coche te ofrece buenas sensaciones mientras el cronómetro dice lo contrario como los tiempos coronan una vuelta a la que tú no habÃas visto nada especial. El paddock se llena de aficionados, las pruebas cada vez son más seguidas al milÃmetro asà que los equipos hacen lo que quieren, tapan más de la cuenta en el pitlane y juegan al gato y al ratón entre sÃ.

Una mirada alternativa a las carreras tratando de analizar los detalles relevantes que no suelen abrir periódicos. Always pushing!
