"El vídeo mató a la estrella de la radio" cantaban The Buggles cuando Fernando Alonso, Sebastian Vettel y Lewis Hamilton ni siquiera habían dado sus primeros pasos. Los tres son la punta del iceberg de una generación de pilotos que poco tiene que envidiar a las mejores de la historia: la mayoría de hombres que vemos al volante cada fin de semana son más constantes, más profesionales y más rápidos que campeones de otras épocas. Cuestión de evolución, se podría decir.

A pesar de esa explosión de talento, que incluye a muchos pilotos que difícilmente alcanzarán la Fórmula 1 por cuestiones económicas, ninguno de los equipos punteros se ha atrevido a unir a dos pilotos de primera en su alineación para 2013. Con la salida de Lewis Hamilton de McLaren, los cinco campeones del mundo de la parrilla estarán en cinco equipos distintos donde parten con el papel de número uno claro de la escudería. Tal sólo Sergio Pérez, una vez pasado su periodo de adaptación a McLaren, podría plantar cara a Jenson Button con regularidad. Y no hay duda de que el campeón de 2009 es el más limitado del ramillete.
Es evidente que los precedentes no ayudan y lo ocurrido en McLaren hace más de cinco años sigue estando en la mente de los jefes de equipo pero también los condicionantes de aquella situación deberían ser recordados: 1) difícilmente habrá un debutante como Lewis Hamilton en mucho tiempo, 2) es prácticamente imposible que unos dirigentes que manejen una situación similar tan mal como los de McLaren y 3) será complicado se repita un campeonato tan igualado en lo deportivo y tan tenso en lo político como el de aquel año. Viendo los compañeros de los tres líderes de esta generación, el riesgo merece ser asumido.



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