Los mayores expertos del deporte lo tienen claro: un buen piloto de F1 debe tener una preparación física de primera para poder soportar lo que exige conducir uno de esos bólidos. En pocas palabras, tiene que ser un individio excepcional. En ningún momento se especifica el sexo de dicho individuo.

Es por ello que las desafortunadas declaraciones que hizo un piloto unos meses atrás no deben tomarse en serio, ya que no tienen sentido más allá de ser una opinión basada en un esteorotipo. No es el único: otro conocido piloto declaró hace años que una mujer no cabría en el 'cockpit' por culpa de sus "atributos femeninos". Si tenemos en cuenta que el 'cockpit' se hace a medida y que, por esa regla de tres, un contorno torácico amplio también sería un problema para un piloto de sexo masculino especialmente musculoso, esta afirmación es tan poco sensata como la anterior.
Los nombramienos de María de Villota en Marussia y Susie Wolff en Williams como pilotos de pruebas y el futuro nombramiento de Monisha Kaltenborn como jefa de equipo de Sauber, abren una nueva puerta a todas las mujeres que sientan la misma pasión por las carreras que sus compañeros masculinos.
En un deporte donde por "tradición" ha abundado más la testosterona, el paso de las mujeres piloto a lo largo de la historia ha sido tan fugaz como desconocido, además de duro.
De Filippis, la primera
"El único casco que una mujer debe usar es el de una peluquería", con estas sexistas palabras fue recibida en el GP de Francia la primera mujer que participó en la Fórmula 1,
Maria Teresa de Filippis, allá por los años 50.
Apodada "pilotino",
la mujer de quien Fangio dijo que conducía demasiado rápido, pasó por el mundo de las carreras en varias categorías. Ninguno de los accidentes que sufrió (incluso estuvo a punto de perder la vista en uno de ellos) ni las dificultades que pusieron en su camino los más "tradicionales" le impidieron seguir adelante: su prematuro retiro se produjo cuando las carreras le arrebataron las vidas de los que amaba. Desde 1979, forma parte del Club Internacional de ex Pilotos de Grandes Premios de F1, junto a sus ex compañeros.
Probablemente, la mujer más conocida sea
Lella Lombardi: la italiana disputó 17 Grandes Premios y fue la primera mujer en puntuar en la F1, en 1975, aunque el terrible accidente de un compañero hizo que se suspendiera la carrera y sólo se llevara la mitad de los puntos. Hasta ahora nadie le ha arrebatado ese honor.
El paso de
Divina Galica y Desiré Wilson no fue tan notable. Esta última se vio privada hasta de figurar en los anales cuando los datos del Gran Premio en que participó desaparecieron en medio de la convulsión política producida por aquel entonces en la Fórmula 1.
La última mujer del siglo XX fue
Giovanna Amati, cuyo poder económico le permitió llegar a la Fórmula 1 sin apenas problemas. No le faltaba talento, pero no logró clasificarse y fue sustituida por Damon Hill. Pese a haber sido recibida con unas amables palabras de
Ayrton Senna, no quedó contenta con su paso por la F1:
"Es un ambiente masculino y todos son iguales, los pilotos, los periodistas... todos". Finalmente Giovanna dio rienda suelta a su pasión por las carreras desde los micrófonos, como comentarista.
Desde entonces, solo ha habido mujeres que han estado a punto de llegar a la Fórmula 1 sin conseguirlo. Muy conocido es el caso de Danica Patrick (por la que Ecclestone removió viento y marea para traerla a su circo, sin éxito) que en su categoría ha demostrado con creces que la necesidad de echarle atributos masculinos es solo una metáfora.
Lo que menos debería importar a la hora de escoger a un piloto es su sexo
Por tanto, desde esos años hasta ahora, el papel de la mujer en la F1 ha sido puramente decorativo. Es así, guste o no guste. Probablemente todos recordamos que
la FIA trató de poner 'pit babes' masculinos en Valencia, pero el intento pasó sin pena ni gloria: seguramente quedaba "raro". Como a muchos les resultará "raro" ver una mujer piloto. La F1 es un espectáculo al que parece que la "tradición" solo le conviene para algunas cosas.
La cara amable del papel de la mujer en la Fórmula 1 está en las madres, hermanas y compañeras que esperan con el corazón en un puño que su hijo, hermano o amor, puede que padre de sus hijos, vuelva con ellas al box de una pieza. Como dice Hans Ruesch en su novela 'Grand Prix: el Corredor',
ellas son las verdaderas heroinas. Y las cámaras las adoran.
Si Maria Teresa o Lella pudieron correr en su época, ¿qué se puede esperar entonces de la sociedad del siglo XXI, supuestamente más permisiva y tolerante? Lo normal sería que no hubiera más problemas que los que un piloto masculino pudiera tener buscando asiento: patrocinadores, oportunidades y un toque de suerte.
Se entiende que en el fútbol o el baloncesto, deportes muy de contacto, hombres y mujeres tengan que participar cada uno en su categoría para evitar ciertas situaciones incómodas. Pero en el caso de la F1, queda muy claro que las únicas razones son extradeportivas. Solo queda esperar que, gracias a María de Villota, Susie Wollf y todas sus valientes predecesoras, lo que menos importe a la hora de contar con los pilotos sea su sexo.
Suerte, hermanas.