GP de Australia: 1. Lewis Hamilton (384) | 2. Nico Rosberg (317) | 3. Daniel Ricciardo (238)

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Una estrella

 
06/07/2012 17:18

Ayer me comentaba un compañero de esta web que, a veces, nos olvidamos de que el deporte de motor es peligroso. Yo le dije que es algo que tengo presente en cada carrera, pero que la emoción de las carreras suele ahogar. Hasta que ocurre. No podemos evitarlo, y ahora, ha vuelto a pasar.

María de Villota

 

María de Villota ha sufrido un grave accidente que le ha hecho perder la vista de un ojo. Y ni siquiera ha sido en una carrera, sino en un test, en uno de esos retorcidos avatares del destino. Un pequeño error, en un lugar inoportuno, en el momento menos oportuno, y una mala gestión de los test sin ambulancias en el aeródromo por, como diríamos de forma informal, "ahorrarse unas perras".

La carrera que debe ganar ahora María es otra, muy distinta y mucho más dura. En su cuenta de Twitter, Felipe Massa no dudó en desearle lo mejor en su largo camino. Pese a no estar viviendo su mejor temporada, el brasileño tiene la suerte de poder competir aunque en un principio se le dijera que no iba a volver. Por el inesperado y cruel alcance de sus lesiones, es posible que María no tenga la misma suerte. Probablemente (y digo probablemente, porque para esa raza extraordinaria no existe nada imposible) este martes haya visto truncado sus sueños de recorrer un circuito en un futuro próximo, de unirse a una corta lista de mujeres que han pasado por la F1. El piloto brasileño, al igual que su compañero Fernando Alonso, Lewis Hamilton, Sergio Pérez o los compañeros de María en Marussia, llevarán su estrella con ellos en este GP. Una estrella roja, de cinco puntas, ninguna del mismo tamaño.

Podría haber sido cualquiera


Fue un accidente. No pudo hacer nada. Podría haber sido cualquiera. Estas fórmulas casi automáticas siempre están en boca de todos nosotros en casos como este. Esa fuerza que gobierna nuestras vidas, llámese destino, o llámese simplemente mala suerte, en muchísimas ocasiones nos hace preguntarnos "por qué". Como ocurrió con Felipe y las viseras reforzadas, este accidente dará mejores condiciones en los tests. Pero, ¿y el precio que María tiene que pagar? Como muchos otros en el pasado, no ha podido esquivar la injusticia.

Hay otra cosa que María, por desgracia, tampoco ha podido esquivar: las palabras, anónimas y demasiado fáciles de soltar, de los que achacan las causas del accidente a sus cromosomas. Tengo curiosidad por saber qué tienen que decir al respecto las madres, hermanas o parejas de dichos indivíduos.

La primera vez que escribí algo sobre María, le di la bienvenida con las que serán las últimas palabras de este humilde post. Ahora, tener que repetir dichas palabras en estas circunstancias me encoge el corazón.

Ánimo, hermana.

 
Artículo de Noe Melián
 

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